Mostrando entradas con la etiqueta historia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta historia. Mostrar todas las entradas

sábado, 29 de septiembre de 2012

momias de chachapoyas

LA CULTURA CHACHAPOYAS En el año 1535 los primeros españoles llegaron al territorio de los Chachapoyas, una enorme región situada entre los ríos Huallaga y Marañón, ubicada entre 2,000 y 3,000 mts. de altura y cubierta permanentemente por nubes. Desde el siglo IX, la zona estaba poblada por una importante cultura, hasta que fue invadida por los incas en el siglo XV, e incorporada al imperio Incaico durante los tiempos de Túpac Inca Yupanqui. El pueblo Chachapoyas o Sachapcollas (pobladores de zonas boscosas) estaba integrado por diversos grupos étnicos afines, que se desplazaban por el territorio que se extiende de Norte a Sur (unos 300 km.), desde el Marañón en la zona de Bagua y por el Sur hasta la cuenca del Abiseo. Algunas hipótesis aseguran que los Chachapoyas descendían de inmigrantes cordilleranos culturalmente andinos, que modificaron su cultura ancestral en el nuevo medio, tomando algunas tradiciones de los pobladores de origen amazónico. Transformaron el paisaje selvático en yermo a medida que iban depredando los bosques, y como resultado de las quemas anuales a las que sometían sus tierras. ORGANIZACION POLITICO Y SOCIAL DE LOS CHACHAPOYAS La unidad de organización social estaba constituida por grandes provincias controladas cada una por un poderoso cacique y totalmente independientes entre sí. Eran pequeños reinos o señoríos asentados principalmente a orillas del río Utcubamba. Todos tenían el mismo idioma, las mismas costumbres y formas de cultivar y, muy ocasionalmente, se juntaban para algunas ceremonias religiosas o para defenderse del ataque de un pueblo enemigo, siempre manteniendo su autonomía. Según las crónicas relatadas por Pedro Cieza de León, los Chachapoyas eran los más blancos y agraciados de todos los habitantes del Perú. Vestían ropas de lana y llevaban en sus cabezas unos “llautos” como señal de su origen. Después de su anexión al Incario adoptaron las costumbres impuestas por los cusqueños. La organización social estaba basada en la producción doméstica y en la subsistencia agrícola con facilidades de almacenamiento. Dentro de la región de Chachapoyas, desarrollaron el intercambio de alimentos (como la sal) y servicios, basado en las relaciones sociales donde se unen las poblaciones en una red de trabajo. ARQUITECTURA Y CERAMICA CHACHAPOYAS La zona central del desarrollo de la cultura Chachapoyas fue la cuenca del Utcubamba. Allí podemos encontrar los conjuntos arquitectónicos de Olán, Yalapé, Purunllacta o "Monte Peruvia", Congón (rebautizado como Gran Vilaya), Vira Vira, Pajatén y otros. Pero Kuélap es, sin duda, el monumento más grandioso, de casi 600 metros de largo y muros que alcanzan 20 metros de alto. Las construcciones habitacionales y monumentales son circulares con bases altas, cornisas de piedras grandes y piedras planas sobresaliendo sobre la superficie de las bases. Poseen rampas inclinadas o escaleras, dirigidas hacia la entrada. Los Chachapoyas desarrollaron un lenguaje simbólico común con motivos geométricos en forma de triángulos, rombos, serpenteadas y ornamentos cuadrados, que aparecen en los frisos de piedra de las viviendas circulares. Estos símbolos tuvieron un valor étnico y social, y sirvió para demostrar la fuerza de identidad local, mantenida a través del período Inca. También la arquitectura funeraria caracteriza a la cultura Chachapoyas e incluye dos tipos de sepulturas: el sarcófago y el mausoleo. El sarcófago es una evolución del fardo funerario que se expresa en espacios cordilleranos y costeños de los tiempos Tiahuanaco-Huari. Fuente: http://www.tudiscovery.com/mochica_chacha/cultura_cha/index.shtml
UBICACION Su centro principal está situado en la cuenca del Utcubamba, en la Selva Alta, por lo que su población se desplazaba a más de dos mil metros de altitud. En Utcubamba se encuentran restos arqueológicos importantes dispersos en un área de 200 km.de norte a sur. El territorio Chachapoyas era extenso, ya que comprendía el espacio conformado por la confluencia de los ríos Marañón y Utcubamba, hasta la cuenca del río Abiseo. Esta área se caracteriza por estar densamente cubierta de vegetación, y por estar a más de dos mil metros sobre el nivel del mar. Su extensión geográfica tuvo como límites: por el norte, Bagua; por el oeste, el río Marañón; por el este, el río Huallaga; y por el sur, el río Abiseo.

jueves, 27 de septiembre de 2012

En la cima de una montaña abrupta y de laderas empinadas, en medio del enmarañado bosque húmedo montano a 3,000 m de altura, y dominando la cuenca del río

Utcubamba, se encuentra el que fuera el centro urbano más importante de la cultura Chachapoya: la Fortaleza de Kuélap, ubicada en lo alto del cerro La Barreta, en el distrito de Tingo, provincia de Luya, departamento de Amazonas, en el nororiente del Perú.


 En 1843, el entonces Juez de Chachapoyas Crisóstomo Nieto, organizó una expedición en busca de la Fortaleza de Kuélap, debido a insistentes rumores que indicaban la presencia de una gran ciudadela de piedra en lo alto de una montaña. Tras varios días de intenso viaje a través de la espesa selva que cubría por completo el lugar, llegó al sitio y descubrió la ciclópea edificación, que fue construida hacia el año 800 d.C. La Fortaleza de Kuélap tiene una superficie de 6 ha y en su interior hay 420 construcciones, casi todas circulares, así como templos y otros recintos que se presume fueron habitados desde el año 800 d.C.

 por los Chacha, quienes conjuntamente con otras etnias como los Luya, Chillao, Paclla y Chilchos, poblaron el territorio Chachapoya, hasta que en 1470, luego de sangrientos combates, fueron invadidos por los Inca, quienes tomaron por la fuerza el lugar y probablemente lo incendiaron. Esta Fortaleza destaca por estar rodeada de una gigantesca muralla de hasta 20 m de alto, 580 m de largo, y 110 m de lado, que fue construida con cientos de miles de enormes bloques de piedra caliza con argamasa de arcilla amarilla, que en algunos casos pesaban hasta 3 toneladas, calculándose que el peso total de los bloques empleados en la

muralla haya sido de 10,000 toneladas. Dentro del muro perimétrico se han encontrado más de 100 entierros humanos, que habrían sido exhumados de otros sitios y enterrados por segunda vez en el inmenso muro. Es presumible que los restos hayan pertenecido a los mejores guerreros Chachapoya de antaño, cuyos espíritus combativos daban protección a los pobladores del lugar, quienes vivían en permanente alerta por su seguridad. La Fortaleza tiene singulares características: se orienta de norte a sur, su forma es alargada, sus muros siguen la sinuosidad del suelo donde se asientan y son redondeados, nunca rectos, y su ubicación estratégica en la cresta de una montaña con alta pendiente permitió un efectivo control ante


posibles enemigos, facilitando además el drenaje del agua producida por las intensas precipitaciones en la región, que como consecuencia afectan las partes más bajas del territorio con inundaciones y deslizamientos. La ciudadela de Kuélap es una importante muestra de la arquitectura preincaica, con marcada influencia andino-amazónica, exhibiendo en su construcción diversas representaciones de tipo zoomorfo, antropomorfo y geométrico, con aleros, pisos de laja, mampostería, hornacinas, terrazas, sistemas de ventilación y drenaje, frisos decorativos y piedras talladas. La Fortaleza era inexpugnable y su ingreso sólo era posible a través de tres entradas, dos de ellas ubicadas en el lado este y una hacia el flanco oeste. Para poder entrar a la Fortaleza era necesario atravesar unos inmensos corredores amurallados de hasta 60 m de


largo, que se estrechan en su parte final permitiendo el paso de sólo una persona a la vez, facilitando que un pequeño grupos de defensores pudiera haber contenido una fuerza enemiga mucho más grande. Kuélap estuvo conformada por los sectores conocidos hoy como Pueblo Bajo, que se extiende en toda la superficie de la Fortaleza, y Pueblo Alto, que se sitúa hacia el lado norte pero en un nivel superior, el cual también está rodeado por un muro perimétrico de más de 10 m de alto que se ha conservado en magnífico estado. En ambos sectores destacan interesantes construcciones como El Tintero, el Torreón Defensivo, El Castillo y las viviendas. El Tintero se ubica en el lado sur de la Fortaleza y es una estructura de forma cónica truncada e invertida, con un diámetro superior de 15 m y una altura de 5.5 m. En uno de los bloques de piedra de

esta construcción, se halló un pequeño rostro humano grabado en alto relieve, y se sabe que el antropólogo y arqueólogo suizo-americano Adolph Bandelier ya había registrado, en 1893, otro rostro grabado que parece haber desaparecido del lugar. En un patio ubicado frente a El Tintero se han encontrado restos de maíz cocido, ceniza, tierra quemada, vajilla, y huesos de camélidos, venados y cuyes, haciendo presumir que este lugar cumplía un importante rol ceremonial, ritual o festivo. Se le atribuye a esta edificación el haber cumplido funciones astronómicas, marcando el cenit del sol y el inicio de la estación lluviosa para la siembra del maíz. El Torreón Defensivo se sitúa en la zona norte de la Fortaleza, ha sido erigido sobre una terraza


amurallada y posee una forma similar a la letra "D", debido a la curvatura de sus esquinas en el lado este. Sus paredes pétreas tienen 7 m de alto y en su interior los investigadores hallaron aproximadamente 2,500 proyectiles para hondas, restos de cerámica, huesos de ciervos y cuyes, vestigios de carbón y pedazos de hachas de piedra, que denotan el estado de alerta en que vivían los habitantes de la Fortaleza. El Castillo es la edificación más grande en el Pueblo Alto y mide 27 m de largo por 9 m de ancho, por lo que se presume que pudo haber sido un edificio público o una construcción ceremonial de gran importancia. Delante de él se erige un altar compuesto por 3 plataformas superpuestas, de 1.80 m, 1.20 m y 70 cm, respectivamente, con un eje común que las alinea en perfecta simetría. De las 420 estructuras que se han encontrado en Kuélap


sólo 5 son rectangulares o cuadrangulares, todas las demás son circulares y fueron viviendas. Éstas estaban distribuidas en corredores o "calles", y sus entradas miraban hacia las principales plazas y templos, denotando una planificación en su diseño y construcción. Hay que tomar en cuenta que al no poseer ventanas, la función orientadora de la vivienda recayó en las puertas. Las viviendas circulares permitían el máximo aprovechamiento del espacio y estaban reservadas exclusivamente para los grupos de la élite Chachapoya que vivían en la ciudadela, guerreros, chamanes, gobernantes, autoridades y otros personajes.


 La disposición del centro urbano de Kuélap era sui generis y armonizaba diferentes elementos como plazas, patios, terrazas, recintos ceremoniales, templos, torreones y viviendas en un espacio reducido delimitado por una gigantesca muralla. Las viviendas medían entre 4 y 12 m de diámetro, estandarizándose entre 7 y 9 m. Sus paredes alcanzaban los 4 m de alto y el techo fue elaborado con paja y soportes de madera, presentando en su cúspide una piedra laja y un ágave encima de ella para evitar que algunas aves carroñeras se posaran allí. Algunos cálculos del arqueólogo Alfredo Narvaez indican que el techo tuvo una altura de


hasta 11.60 m y una pendiente de 40º, para permitir el escurrimiento del agua de lluvias. Cada vivienda habría tenido las dimensiones de un edificio actual de 6 pisos de alto. Los cimientos de las viviendas eran de piedra caliza, y los aleros que los protegían de las lluvias eran de laja. En el interior de las viviendas habían hornacinas o pequeños nichos cuadrados donde se guardaban algunas pertenencias o se colocaban ídolos. Los pisos eran empedrados y tenían depósitos subterráneos que quizá hayan servido como tumba a la muerte de sus habitantes. Los muros de las viviendas fueron construidos íntegramente en piedra y poseían llamativos frisos decorados con diseños de serpientes, felinos, aves y figuras geométricas en forma de


rombos y zigzag. En algunas casas se han encontrado cabezas clavas con figuras zoomorfas y antropomorfas, que representaban a las principales deidades, sin embargo muchas de ellas han desaparecido. También se han hallado viviendas ampliadas superpuestas y algunas de dos pisos, que pueden haber sido habitadas por familias más numerosas. No se descarta que el espacio formado por el cono del techo haya sido usado como parte de la vivienda. Las viviendas no contaban con ventanas, debido al frío del lugar, por ello los ductos de ventilación estaban a nivel del suelo, tal como está demostrado por los investigadores. Las viviendas también contaban con drenes para el desagüe de las cocinas, batanes de piedra, fogones para cocinar, banquetas de piedra o camas para dormir, y en algunos casos decoraciones


con cuernos de venado. Es probable que las paredes hayan sido enlucidas y pintadas con llamativos colores, tanto interna como externamente, de acuerdo con algunos vestigios encontrados. Las puertas de acceso medían hasta 1.80 m de alto y algunas viviendas contaban con escalones descendentes hacia su interior. Basta imaginar una ciudadela que podía ser vista a kilómetros de distancia, rodeada por una inexpugnable muralla en la cumbre de una montaña escarpada, y con más de 400 viviendas asomándose por encima de sus muros, para tener una idea cabal de lo imponente, majestuoso y amedrentador que debió haber sido ese lugar, siempre resguardado por fieros y valientes guerreros. El entorno natural de Kuélap, compuesto por árboles salpicados de orquídeas, bromelias, hermosas flores, líquenes y musgos, viene siendo impactado


dramáticamente debido a la erosión del suelo y la destrucción del bosque causado por actividades humanas como la agricultura migratoria, hecho que también afecta a las diversas especies de fauna silvestre, como osos, pumas, venados, pavas de monte, picaflores y otras aves, que cada vez son más escasas en el Bosque Húmedo Montano. Kuelap fue un maravilloso centro urbano protegido por una gran muralla que albergó en su mejor momento a más de 3,000 personas, las mismas que fueron abastecidas en sus necesidades por los campesinos de las zonas aledañas. La majestuosa presencia de esta Fortaleza es inigualable en los andes-amazónicos. Allí, en la cima de la montaña, todavía se esconden parte de sus misterios. Enigmático Reino


Chachapoya La Cultura Chachapoya se desarrolló entre los años 800 y 1,470 d.C., en la región nororiental del Perú, abarcando territorios que pertenecen al Bosque Seco Ecuatorial y la Selva Alta, en una extensión de casi 300 km de longitud y una altitud que varía entre los 900 y 4,300 msnm, con una rica variedad de microclimas debido a la influencia de los vientos que traen las lluvias desde la cuenca amazónica. Su límite norte fue la laguna Pomacochas, en el departamento de Amazonas, su límite sur fue la provincia de Pataz, en el departamento de La Libertad, por el este lo fue el río Huallaga, y por el oeste el río Marañón... < Ver


Mapa > La Cultura Chachapoya es la máxima expresión de la civilización andino-amazónica de nuestro país. Sus pobladores lograron vivir en armonía con su entorno natural, conformado por especies de fauna como el oso de anteojos, mono choro de cola amarilla, maquisapa de montaña, majaz, puma, gato montés, gallito de las rocas, tapir de montaña, sajino, venado, taruca, llama, guanaco, alpaca, vicuña, pavas de monte, loros, mariposas y una gran variedad de picaflores como el colibrí maravilloso. Entre la flora destacan las bromelias, helechos, caña brava, musgos, líquenes, lianas, bejucos, plantas medicinales, árboles como el cedro, higuerón, ishpingo, aliso, quishuar, romerillo, ccolle, tara, palmeras, y diversidad de orquídeas como el zapatito rosado. La belleza paisajística del territorio Chachapoya es sobrecogedora, allí destacan las cataratas de Gocta, Yombillo y Chinata, y las lagunas de los Cóndores, Pomacochas, Pías, Huayabamba, entre otras. No obstante lo difícil de su territorio, caracterizado por sus valles estrechos, abundante vegetación, escasas tierras cultivables, inmensos farallones, montañas siempre cubiertas de neblina, suelos rocosos, ácidos y con insuficiente humus. Esta región es afectada por los deslizamientos propios de las cuencas de alta pendiente, debido a las lluvias casi permanentes en el lugar, que oscilan entre 2,000 y 4,000 mm al año, siendo la época de mayor precipitación entre setiembre y abril. El cronista Antonio de la


Calancha describe el territorio como un lugar de "montañas muy ásperas donde siempre llueve, tierra montuosa, poblada de sabandijas, abundante de tigres i llena de árboles silvestres". Las dificultades geográficas del territorio impulsaron a los Chachapoya a desarrollar una actividad agrícola que les permitió convertirse en una sociedad sostenible y organizada. Implementaron un sistema de terrazas o andenerías, anterior a las de los Inca, con canales de irrigación y sistemas de drenaje, que permitieron el cultivo de papa, maíz, yuca, kiwicha, quinua, ajíes, tarwi, coca, mashua, arracacha, yacón y diversas frutas. Uno de los centros agrícolas más importantes del territorio Chachapoya fue Papamarca o "pueblo de la papa". También se dedicaron al pastoreo de llamas y alpacas y fueron diestros cazadores de animales de monte, como


venados, tarucas, sajinos y otras especies. Cabe resaltar que para el establecimiento de centros urbanos los Chachapoya tomaron en cuenta las siguientes variables: buena visibilidad con lugares estratégicamente ubicados, y condiciones favorables para la agricultura, la cacería y la recolección de frutos. Los Chachapoya destacaron por ser eximios ingenieros y arquitectos, legándonos construcciones majestuosas como las de Kuélap, Gran Pajatén, Purunllacta, Gran Vilaya, Olán, Vira Vira, Macro, Ollape y otras. El Gran Pajatén, ubicado a 2,850 msnm en la provincia de Mariscal Cáceres, en el departamento de San Martín, forma parte del Parque Nacional del Río Abiseo y es uno de los lugares más representativos de esta cultura después de



 Kuélap. Este complejo, descubierto en 1964, está compuesto por 16 construcciones circulares a manera de torreones, que medían entre 1 y 15 m de diámetro, y cuyas paredes externas están decoradas con frisos que representan figuras humanas y de animales, habiéndose hallado en los aleros de las paredes curiosas tallas en madera conocidas como "los pinchudos", que representan hombres desnudos con las manos colocadas sobre su pecho. Otro arte Chachapoya que también tuvo un alto grado de desarrollo fue la escultura.


 Esculpieron la piedra con figuras antropomorfas, zoomorfas y geométricas, crearon frisos decorativos, cabezas clavas, trabajos en mampostería, pisos de laja y diversos símbolos que hasta el día de hoy son un enigma. También fueron hábiles textileros que dominaron la tapicería, el bordado, el tejido pintado, y el arte de las plumas, usando para ello finas fibras de camélidos y de algodón, trabajados en telares de cintura con herramientas de costura como husos, agujas, etc. Sus prendas de vestir estaban finamente adornadas con dibujos de serpientes, aves, monos y felinos, donde predominaban los colores ocre, marrón, rojo, amarillo, negro y blanco, provenientes de árboles y plantas. Se han recuperado valiosas muestras de instrumentos


musicales, como antaras, flautas y tambores, sin embargo es muy poco lo que se sabe de la música y danza de los Chachapoya, pero a partir de las evidencias encontradas y las tradiciones de los pueblos que hoy ocupan ese territorio, los investigadores están recuperando estas artes perdidas. Otra de sus manifestaciones artísticas se da a través de los mates pirograbados, con finos dibujos y diseños de hombres, serpientes, monos, aves, plantas, entre otros, que dan una visión panorámica de las costumbres y tradiciones de esa sociedad, a través de mitos y leyendas. Aunque su cerámica utilitaria no fue la mejor expresión de su arte,


ésta era muy singular y rústica, hallándose cántaros, vasos y jarras envueltas con soguillas, quizá para evitar la pérdida de calor o como protección contra los golpes. No obstante lo rústico de su cerámica utilitaria, la de tipo funerario fue exquisita y bien lograda. Los resistentes sarcófagos sagrados o purunmachus eran las tumbas individuales de los personajes más ilustres de la cultura Chachapoya: curacas, guerreros, chamanes, etc. Los purunmachus fueron hechos con arcilla, madera y caña, sus tamaños variaron entre 1 y 3 m de alto,


dependiendo del espacio donde iban a ser colocados, y fueron pintados con colores ocre, amarillo, rojo y blanco. Algunos purunmachus tuvieron máscaras mortuorias en la parte superior, otros en el centro y unos más pequeños no las tenían. La elevada espiritualidad de esta sociedad se manifestaba de manera muy ferviente rindiendo culto permanente a sus muertos, a quienes enterraban colectivamente en grandes


mausoleos ubicados en las cornisas de inaccesibles montañas, tal es el caso de Karajía, Lamud, Revash y otros lugares. Allí los constructores hicieron uso de todas las proyecciones naturales de los acantilados, usando para ello postes de madera y tablones que se insertaban en salientes, o como caminos para llegar a los diferentes lugares. Llama la atención que la mayoría de estos centros funerarios, ubicados generalmente en zonas cercanas a los poblados, tuvieran las paredes pintadas con símbolos zoomorfos o antropomorfos

de color ocre rojizo. La mayoría de los sitios funerarios han sido saqueados por los huaqueros locales. Cabe resaltar que tanto los purunmachus como los mausoleos estuvieron orientados hacia las pacarinas o lugares de origen, reverenciando a sus ancestros y protegiendo a sus descendientes, quienes periódicamente visitaban las tumbas de sus muertos y eventualmente renovaban sus fardos. Lugares como Lamud, Karajía, Revash, La Petaca y la Laguna de los Cóndores, aún reflejan el respeto que los antiguos Chachapoya

tuvieron por la vida en el más allá. En épocas recientes, a pesar de las inclemencias climáticas y del saqueo por parte del hombre, se han podido recuperar 200 momias en la Laguna de los Cóndores, que hoy se conservan de manera notable en el Museo de Leymebamba, hecho que permitirá reconstruir parte de la historia aún oculta de esta sociedad de temibles guerreros, místicos chamanes y artistas sin par, que nos sorprenden hasta el día de hoy, más de 1,200 años después.
El Coricancha, llamado también koricancha o Templo del Sol, es el templo más importante del Imperio Inca. Estaba dedicado principalmente al dios Inti, el dios Sol, y se halla en el ciudad de Cuzco, la capital del Tahuantinsuyo. Coricancha: Templo al dios Sol El interior y las paredes exteriores y los pisos estaban recubiertos por hojas de oro macizo, y en el jardín habían estatuas de oro. Los españoles describieron el templo del sol "Coricancha" como "fabuloso, más allá de lo creíble." En el santuario principal del koricancha había un gran disco de oro simboliza la divinidad, rodeado de varias momias de los soberanos incas. Muchos sacerdotes estaban ocupados en el interior de los templos por los sacrificios religiosos que se celebraban, las danzas sagradas organizadas, además de encargarse de los archivos especiales del imperio por medio de los quipus (manojos de cuerdas anudadas de varios colores, pero de diferentes maneras que se utilizaban para guardar información como censo de la población,la propiedad, etc.) En el centro del templo había un jardín donde los árboles, las flores, animales y personajes se reprodujeron en gran escala. Estas imágenes tenían incrustaciones de oro, plata, conchas púrpuras y piedras preciosas de color turquesa, etc. Imagen del Koricancha donde se aprecia la arquitectura inca y colonial LLegada de los españoles al Perú y destrucción del Coricancha La mayor parte del oro recogido para pagar el rescate del Inca Atahualpa fue obtenido del Coricancha. El rescate se pagó a los españoles al mando de Francisco Pizarro, pero no se liberaría al joven emperador, que fue el último gobernante inca. Los restos del Coricancha El Convento de Santo Domingo fue construido en el sitio donde se hallaba el Coricancha y utilizo los cimientos del templo del sol, que fue destruido por los españoles en el siglo XVII. El coricancha es un ejemplo de arquitectura inca. A esta creación inca se le ha incorporado la obra de un complejo estructura colonial con la llegada de los españoles al Perú. Varios terremotos han dañado la iglesia de Santo Domingo, pero el sótano, construido de bloques de piedra colocados entre ellos, ha resistido con éxito gracias a la solidez de la arquitectura incaica. Muy cerca del Coricancha se encuentra un museo subterráneo que contiene una serie de interesantes piezas, incluyendo momias, textiles y los ídolos sagrados.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Historia de Perú


Las primeras huellas de presencia humana en Perú datan de hace al menos 20000 años antes de nuestra era, pero han sido conservados muy pocos vestigios de esta época. A partir de 1250 a.c., varias civilizaciones venidas del norte, los Chavinos, los Chimús, los Nazcas y los Tiahuanacos se establecieron en la región. La ciudad de Chanchan, cuyas ruinas son visibles aún hoy, fue construida por los Chimús hacia el año 1000 a.c.

Los Incas, una tribu guerrera del sur de la sierra, se desplazó poco a poco hacia el norte de la región hasta el valle fértil de Cuzco entre los años 1100 y 1300. Su expansión comenzó en 1438, con Pacahuetec, quien emprendió la conquista de las tierras vecinas.

Hacia el 1500, el Imperio inca se extendía del océano Pacífico hasta los orígenes del río Paraguay y del Amazonas, de la región del actual Quito, Ecuador, hasta el río Maule, en Chile. Este vasto imperio era dirigido por un inca, o emperador, quien era adorado como una divinidad. Rico en yacimientos de oro y plata, el reino de los Incas iba a volverse el blanco de las ambiciones imperiales de los españoles ya instalados en Panamá.

En 1531, el conquistador español Francisco Pizarro desembarcó en Perú con 183 hombres y, utilizando la guerra civil que dividía a los Incas, logró en menos de cinco años hacer de su imperio una posesión española.

En 1535, fundó en las orillas del río Rímac una ciudad a la cual hizo su capital, Ciudad de los Reyes, hoy Lima. Los conflictos de autoridad que opusieron enseguida a los conquistadores españoles entre ellos desembocaron en el asesinato de Pizarro.

En 1542, Carlos Quinto, con el objeto de restablecer el orden, creó el virreinato del Perú, que englobaba todas las posesiones españolas en América del Sur, con excepción de la actual Venezuela. "Nuevas leyes" fueron promulgadas, con el fin de intentar proteger a los indígenas de la violencia de la explotación de los conquistadores. Pero el primer virrey español, Nuñez de Vela, que llegó a Perú en 1544, suscitó una viva hostilidad de parte de los colonos quienes se rebelaron y lo mataron: las "nuevas leyes" no fueron aplicadas jamás.

Fue con la llegada, en 1569, del virrey Francisco de Toledo, que el sistema colonial, que iba a prevalecer durante más de dos siglos, se puso verdaderamente en plaza. Emprendió la integración de la población india, agrupada en comunidades agrícolas, ubicadas bajo la tutela de un particular o del Estado, y favoreció su evangelización.

El período que siguió fue particularmente próspero, los españoles introdujeron en las primeras mesetas andinas nuevos cultivos (trigo, viñas, olivos) y cultivaron la caña de azúcar en las plantaciones costeras, importando esclavos. Sin embargo, la verdadera riqueza del Perú se encontraba en su subsuelo que encerraba cuantiosos metales preciosos, y en particular plata (yacimiento de Potosí), que dio al país un rol preponderante en la producción mundial hasta el siglo XVIII.

En 1780, 60000 amerindios, guiados por José Gabriel Condorcanqui (quien adoptó el nombre de su ancestro, el inca Tupac Amaru), se rebelaron contra la autoridad española. La insurrección fue aplastada en 1781 y Condorcanqui fue ejecutado, al igual que miles de sus camaradas revolucionarios.

En 1814, otra revuelta fue a su vez reprimida; sin embargo, la oposición a la autoridad imperial ganaba toda la América del Sur española.

En septiembre de 1820, José de San Martín, un argentino que había vencido a las fuerzas españolas en Chile, desembarcó con sus tropas en Perú. En julio de 1821, entró en la ciudad de Lima, sublevada.
La independencia peruana fue proclamada el 28 de julio de 1821 y San Martín recibió el título de protector, que abandonó rápidamente en favor de Simón Bolívar. En efecto, el héroe de la revolución venezolana entró en Perú en 1822, y derrotó al ejército español en 1824, durante la batalla de Junín, el 6 de agosto, y en la batalla de Ayacucho, el 9 de diciembre, con la ayuda del general Sucre.

Los años siguientes fueron extremadamente caóticos. Una vez que Bolívar partió para la Gran Colombia en 1826, el país pasó bajo el yugo de los hacendados y la dictadura militar. Perú no conoció la paz antes de 1845, cuando Ramón Castilla, un veterano de Ayacucho, se apoderó de la presidencia.

Durante sus dos mandatos (1845-1851 y 1855-1862), emprendió numerosas reformas: abolición de la esclavitud, adopción, en 1860, de una constitución liberal, construcción de vías férreas. Castilla comenzó también a explotar el guano y los ricos yacimientos de nitrato.

En 1864, esta explotación fue el origen del conflicto que desembocó en una guerra entre Perú y España, después de que ésta última se apoderara de las islas Chincha, ricas en guano. Aliado a Ecuador, Bolivia y Chile, Perú salió victorioso y el tratado de 1879, que puso fin a la guera, fue la ocasión de ver por primera vez su soberanía oficialmente reconocida por España.

Entre 1879 y 1883, la guerra del Pacífico opuso Perú a Chile, a propósito del control de la provincia de Tarapaca, rica en nitratos. Vencido y amputado de una parte de su territorio, arruinado por los años de guerra y el disenso interno, Perú intentó entonces reorganizarse.

La reconstrucción fue lenta y se hizo en gran parte con la ayuda de capitales extranjeros, bajo la presidencia de Augusto Leguía y Salcedo. Después de su primer mandato (1908-1912), tomó de nuevo el poder en 1919, gracias a un golpe de estado militar, y ejerció una autoridad casi dictatorial.

En 1924, mientras que él estaba en el poder, los intelectuales peruanos exiliados fundaron la Alianza popular revolucionaria americana (APRA), un movimiento de tendencia marxista, influenciado por la revolución mexicana. La APRA, que exigía reformas fundamentales contra la oligarquía conservadora fue rápidamente prohibida por Leguía, lo que no le impidió llegar a ser un partido extremadamente influyente.

En los años '30, a pesar de la adopción de una Constitución democrática (1933), la APRA fue objeto de una sangrienta represión y las elecciones que le daban la victoria fueron anuladas. La presidencia regresó entonces a Manuel Prado Ugarteche, quien quiso proseguir la modernización del país, pero debió también contar con la poderosa voluntad reformista, iniciada por la APRA.

En 1945, una coalición de partidos liberales y de izquierda, entre ellos la APRA, permitió la elección de José Luis Bustamante Rivero, un reformador, para la presidencia de la República. Los derechos civiles y la libertad de prensa fueron reforzados, y ciertos poderes dictatoriales del presidente fueron abolidos por enmienda constitucional. Debido a la hostilidad de la oligarquía conservadora, Bustamante fue derrocado en 1948 por los militares que pusieron a la APRA fuera de la ley.

El 2 de julio de 1950, Manuel Arturo Odría, el instigador del golpe de estado de 1948, fue elegido presidente y su gobierno reforzó el sistema de defensa del Perú, lanzó un vasto programa de trabajos públicos y favoreció una más estrecha cooperación con Brasil, gracias a una serie de pactos económicos y culturales.

La elección de 1956 marcó el retorno del presidente Prado Ugarteche al poder y la renovación de las reformas liberales. Después de una nueva tentativa de los militares por tomar el poder, la elección de 1963 permitió el retorno de la democracia, con la victoria de Fernando Belaúnde Terry. Este fue, sin embargo, depuesto en octubre de 1968, la Constitución fue suspendida y una junta militar se instaló en el poder, bajo la dirección del general Juan Velasco Alvarado.

Después de una serie de huelgas y manifestaciones organizadas para expresar la insatisfacción popular respecto del presidente Velasco, un nuevo golpe de estado militar derroca al gobierno peruano, el 29 de agosto de 1975. Al día siguiente, el general Francisco Morales Bermúdez, quien había sido Primer Ministro y Ministro de Guerra bajo Velasco, devino presidente.

En 1980, fue organizada una elección presidencial. El vencedor, el antiguo presidente Belaúnde Terry, no llegó a enderezar la situación económica. Por otra parte, los guerrilleros maoistas de Sendero luminoso intensificaron sus acciones. Se estima que esta guerrilla fue responsable de la muerte de al menos 18000 personas, en los años '80.

La victoria, por primera vez en la historia del país, del candidato de la APRA, Alan García Pérez, en la elección presidencial de 1985, si bien constituyó un verdadero acontecimiento, no logró invertir la tendencia, y el declive económico del país prosiguió.

En junio de 1990, Alberto Fujimori, hijo de inmigrantes japoneses, sucedió a García. El nuevo presidente impuso un programa de austeridad a fin de combatir la hiperinflación (1000 p. 100 en 1988-1989). La crisis económica provocó sin embargo una nueva escalada de acciones de parte del Movimiento Tupac Amaru (MRTA) y de Sendero Luminoso, que desplazó su campo de acción hacia Lima y comenzó a poner en la mira a las infraestructuras administrativas.

Invocando al terrorismo y la corrupción en los medios gubernamentales, el presidente suspendió la Constitución, en abril de 1992, y pronunció la disolución del Congreso. En septiembre, el arresto de Abimael Guzmán, el jefe de Sendero Luminoso, permitió al jefe de estado conservar el apoyo de la población.

Nuevas elecciones fueron fijadas entonces para 1995 y Alberto Fujimori fue reelegido, el 9 de abril. Del 18 de diciembre de 1996 al 22 de abril de 1997, hubo una toma de rehenes en la embajada de Japón por un grupo que se proclamaba del Movimiento Tupac Amaru. Los guerrilleros fueron abatidos por los militares.

En política extranjera, un diferendo fronterizo resurgió entre Perú y Ecuador, en enero de 1995, con respecto al control de la cordillera del Cóndor. Esta zona, de una longitud de 78 km, casi deshabitada, pero rica en yacimientos petrolíferos, había sido atribuida al Perú en 1950 después de un arbitraje internacional. Sin embargo, Ecuador, que no había aceptado jamás esta decisión, desencadenó las hostilidades. Los combates prosiguieron hasta mediados de febrero y dejaron unos 200 muertos y heridos de ambas partes. Dos acuerdos de cese del fuego se firmaron finalmente en marzo, bajo el arbitrio de los paises del Protocolo de Río (Estados Unidos, Brasil, Argentina, Chile), previendo la desmilitarización de la zona y la organización de negociaciones pacíficas entre los dos paises.